El bolso de Pandora

Del mismo modo que la tradición judeocristiana relata la divina creación de Eva, la primera mujer, a la que designa causante del pecado original, la mitología griega nos cuenta también la historia de Pandora, un ser creado por Hefesto, dios del fuego, quien la había modelado a imagen y semejanza de los inmortales, con la ayuda inestimable de Palas Atenea, diosa de la sabiduría.

Cada uno de los dioses del Olimpo había regalado una cualidad a Pandora, que se vio adornada por gracias como la belleza, la persuasión y la habilidad manual, entre otras…; sin embargo, Hermes, mensajero de los dioses y fiel intérprete de sus oscuros deseos, prefirió poner en su corazón la mentira y la falacia.

El siempre inquieto Zeus, deseoso de vengarse de Prometeo por robar el fuego y habérselo entregado a los hombres, decide casar a Pandora con Epimeteo, hermano del ladrón. Como regalo de bodas, Pandora recibe un misterioso regalo, una jarra o ánfora, aunque el mito popular ha acabado describiendo una caja, con la severa advertencia de que no debía abrirla.
La curiosidad, esa cualidad tan femenina, impulsó a Pandora a abrir el preciado objeto para comprobar qué había en su interior, escapándose de forma inmediata todos los males del mundo. Cuando atinó a cerrarla en el fondo solo quedaba la esperanza, de aquí provienen dos célebres frases: “abrir la caja de Pandora” o “la esperanza es lo último que se pierde”.

En nuestros tiempos modernos, la caja mágica de la primera mujer mitológica se ha transformado en su práctico bolso, y la esperanza que cualquier hombre ha perdido definitivamente es, sin duda, la de comprender la relación que ellas han entablado con este fantástico objeto.

Para comenzar, es importante recordar que toda mujer tiene derecho a poseer tantos bolsos como considere necesario, y que estos nunca son suficientes para cubrir todas las emergencias, pues deben adaptarse a múltiples situaciones y conjuntar con incontables combinaciones de ropa y calzado.

El bolso es pues un objeto polimorfo y polisémico, un ente que se transforma en manos de su dueña en mil recipientes distintos, conteniendo todo tipo de artilugios imprescindibles y variada parafernalia inútil. Un bolso puede ser un humilde zurrón, una sencilla mochila, una gran bolsa de compras, un práctico receptáculo de diario, una sofisticada cartera de fiesta…

Pero un bolso puede ser muchas cosas más: un intrincado lugar de perdición o encuentro, un amenazante agujero negro, el saco del gato con botas, la literaria cueva de Montesinos, el bolsón negro de Mary Poppins, una boca de lobo, una sabrosa nevera, un nido de serpientes, un trocito de cielo, un bazar de las sorpresas…

Si han perdido alguna cosa, no lo duden, en estos momentos se encuentra en algún lugar del complejo universo formado por todos los rincones ciegos de los bolsos de todas las mujeres del mundo, que están entrelazados por un laberinto de pasillos cuánticos. Si viajan a uno de ellos, quizá no vuelvan nunca a ver la luz.

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